La dignidad primero


 

“Jesucristo, amando a todos con un amor universal, nos educa en el reconocimiento permanente de la dignidad de cada ser humano, sin excepción. De hecho, cuando hablamos de ‘dignidad infinita y trascendente’, queremos subrayar que el valor más decisivo que posee la persona humana, rebasa y sostiene toda otra consideración de carácter jurídico que pueda hacerse para regular la vida en sociedad. Por lo tanto, todos los fieles cristianos y los hombres de buena voluntad, estamos llamados a mirar la legitimidad de las normas y de las políticas públicas a la luz de la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales, no viceversa.” (Texto tomado de la Carta del Santo Padre Francisco a los obispos de los Estados Unidos de América)

¿Sabés qué me dejó pensando esta frase del Papa? Que muchas veces miramos a las personas por lo que hacen, por lo que tienen, por su historia… y no por lo que verdaderamente son: hijos e hijas de Dios, con una dignidad que no se pierde nunca.

Esa dignidad que tenemos no depende de si cumplimos o no la ley, si somos exitosos o estamos pasando por un mal momento. Jesús no hacía diferencias. Amaba a todos. Y nos sigue educando a través de su ejemplo para que nosotros también miremos con ojos limpios, sin prejuicios, sin filtros.

Como seguidores de Jesús, tenemos una brújula clara: la dignidad de cada persona está por encima de cualquier norma. No es un invento moderno, es parte del corazón del Evangelio y está enraizado en la enseñanza de la Iglesia desde siempre.

📌 Antes de juzgar, antes de opinar, antes de decidir… pensemos: ¿estoy mirando con los ojos de Jesús? ¿Estoy respetando y defendiendo la dignidad de quien tengo delante?

🙏 Te invito a hacer un pequeño ejercicio hoy: mirá a cada persona con la certeza de que vale infinitamente. Y si podés, hacéselo saber. Con una sonrisa, con un gesto amable, o simplemente escuchando con el corazón.

Si querés escribí en los comentarios, lo que te surja en el corazón.

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